Subir un puerto contra uno mismo
Las rampas empinadas de un puerto de montaña colocan a cada ciclista frente al espejo de sus propias debilidades. Cuando el porcentaje supera los dos dígitos y...

Las rampas empinadas de un puerto de montaña colocan a cada ciclista frente al espejo de sus propias debilidades. Cuando el porcentaje supera los dos dígitos y las piernas arden por el esfuerzo continuado, la tentación de poner pie a tierra asalta la mente de forma insistente. En ese instante solitario descubres que no estás compitiendo contra la pendiente ni contra el cronómetro, sino contra tu propia pereza interior. Corregir la cadencia, acompasar la respiración y fijar la mirada en la siguiente curva permiten conquistar la cima. La recompensa final es la paz que solo el cansancio honrado sabe brindar.
Artículo publicado en El Blog de las 100 palabras · 100 palabras por entrada para que no te canses.
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