Las passkeys dejan de parecer magia
Después de un año conviviendo con passkeys, la conclusión es sencilla: ya no pensamos en contraseñas. La huella hace el trabajo y el...

Después de un año conviviendo con las passkeys, la conclusión es sencilla: ya casi no pensamos en contraseñas. La huella hace el trabajo y el móvil guarda la llave. También aparecen los problemas de siempre: cuando el teléfono se queda sin batería, cambiamos de dispositivo o perdemos el terminal en un taxi, se descubre que la recuperación sigue siendo el eslabón débil de toda la cadena. La comodidad es enorme, pero traslada la confianza del sistema al bolsillo de cada usuario. Y ahí, como con las claves de casa, conviene saber dónde están y qué hacemos si se pierden.
Artículo publicado en El Blog de las 100 palabras · 100 palabras por entrada para que no te canses.
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