La soledad del cicloturista
Cargar dos alforjas en la parrilla trasera y salir a la carretera sin prisa equivale a firmar un pacto de reconciliación con el mundo. A quince kilómetros por h...

Cargar dos alforjas en la parrilla trasera y salir a la carretera sin prisa equivale a firmar un pacto de reconciliación con el mundo. A quince kilómetros por hora el paisaje deja de ser un borrón difuso tras el cristal para convertirse en olores, acentos locales y sorpresas imprevistas. El cicloturista viaja ligero de equipaje pero cargado de receptividad hacia lo desconocido. Duerme donde el cansancio y el atardecer lo sorprenden, agradece el agua fresca de cada fuente rural y aprende a prescindir de lo superfluo. En esa aparente soledad sobre dos ruedas se encuentra la compañía más enriquecedora: uno mismo.
Artículo publicado en El Blog de las 100 palabras · 100 palabras por entrada para que no te canses.
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