El vecino que regaba a las siete
El vecino del tercero regaba sus geranios a las siete en punto, lloviera o no. Los demás decíamos que era manía de viejo, hasta que un...

El vecino del tercero regaba sus geranios a las siete en punto, lloviera o no. Los demás decíamos que era manía de viejo y seguíamos con lo nuestro, hasta que un invierno dejó de regarlos. La primera semana nadie notó nada; la segunda, alguien comentó en el ascensor que el patio estaba raro. La tercera, el portero subió a mirar. Encontró las macetas secas, las llaves sobre la mesa y una carta sin cerrar encima de la nevera. Desde entonces, cuando alguien riega a las siete, todos miramos el reloj y recordamos que las costumbres ajenas también avisan.
Artículo publicado en El Blog de las 100 palabras · 100 palabras por entrada para que no te canses.
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