El arte del mínimo privilegio
Cuando una simple aplicación de linterna solicita permiso para acceder a tus contactos, ubicación y micrófono, no estás descargando una herramienta: estás acept...

Cuando una simple aplicación de linterna solicita permiso para acceder a tus contactos, ubicación y micrófono, no estás descargando una herramienta: estás aceptando un espía voluntario. El principio del mínimo privilegio dicta que cada proceso, usuario o programa debe disponer únicamente de los accesos indispensables para cumplir su tarea asignada. Nada más y nada menos. Conceder permisos indiscriminados por pura pereza o comodidad abre grietas invisibles por donde se filtran nuestros datos personales. Cerrar puertas innecesarias en nuestros dispositivos no es paranoia técnica, sino pura higiene digital elemental en un mundo obsesionado con recolectar hasta el último rastro de nuestra vida.
Artículo publicado en El Blog de las 100 palabras · 100 palabras por entrada para que no te canses.
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