Hollywood ha olvidado su función original: ser bufones extraordinariamente pagados para entretener. Hoy, las estrellas usan las alfombras rojas como púlpitos para dictar lecciones morales sobre temas de moda, ignorando la hipocresía de predicar sacrificios desde sus mansiones de lujo. Memorizar un guion no otorga autoridad ética ni intelectual; el talento para la simulación no equivale a sabiduría. El público, harto de sermones procesados por departamentos de marketing, reclama el regreso a la evasión y al arte puro. Es hora de que bajen del pedestal, guarden la moralina y se limiten a lo que saben hacer: actuar.
Hollywood ha olvidado su función original: ser bufones extraordinariamente pagados para entretener

