Vivimos bajo una dictadura algorítmica silenciosa. Las grandes tecnológicas han sustituido el soporte humano por IAs que deciden, sin apelación posible, quién mantiene su negocio, su cuenta o su dinero. Desde bloqueos en Google Ads por errores menores hasta el cierre de canales de YouTube por ataques coordinados de bots, el problema es el mismo: la máquina decide y el humano no puede intervenir. Hemos creado un sistema eficiente pero carente de empatía donde, si el algoritmo se equivoca, te vuelves invisible. Ya no somos usuarios, somos datos a merced de un código que no admite errores.